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Alta Fidelidad

Música para molestar a tus vecinos: Vol. 2

Saca los parlantes para la calle.

Los Incas no iban a lo maldito conquistando territorios, por el contrario, enviaban regalos a los jefes tribales y si estos los aceptaban, estos entendían que estaban bajo el tutelaje Inca; El Tahuantinsuyo. Posteriormente, enviaban líderes leales al Sapa Inca, si las tribus no aceptaban los regalos, recién ahí saltaban a cortar cabezas y quemar chozas, no antes.

Algo similar a lo que se hacía en Roma, lo mismo con los Mongoles hasta que le faltaban el respeto. Es mucho más sencillo lograr la subordinación de otras civilizaciones por medio de la amabilidad y luego el terror, no cortando cabezas a todo lo que se cruce en el camino. Y también es mi técnica favorita para hacer que mis vecinos dejaran de colocar la música tan fuerte durante la semana. En la medida que ellos bajaban el volumen, los comencé a acostumbrar a escuchar discos cada vez más excéntricos, llegando al punto que ya ni siquiera hablan fuerte.

Uno primero gana la guerra del desgate cuando no se invoca una declaración oficial y luego, se acostumbra a los nuevos subordinados del Imperio a seguir con las tradiciones ancestrales que lo han mantenido en pie.

Esta es la lista de discos que usé para que mis vecinos pensaran más de dos veces si escuchar Marco Antonio Solis en loop, a las 2 de la tarde, a todo volumen, era una buena idea. También incluye un horario ideal o situación para escucharlos. Ah! Pero antes, quizás quieras escuchar nuestro primer volumen de esta colección.

1-Lingua Ignota – Caligula (2019):

El segundo disco de Kristin Hayter bajo el pseudónimo de Lingua Ignota es apocalíptico y siniestro. A ratos su voz se convierte en un grito que sale de lugares que no son humanos, son parte de un ritual para invocar fuerzas antiguas; esas que traen que conllevan la atrición de los mortales. Es denso, es gigantesco y no busca nada más que atemorizar. Es excelente para escucharlo durante el comienzo de la noche, junto a una fogata, muchos inciensos y cubierto con una túnica.

Cargado de coros y secciones de cuerda, Hayter se enfoca en su interpretación de una ópera atemorizante, cargada de venganza que pareciera encontrar algo de paz solo en los momentos que los gritos llenan todo el espacio posible.

2-Liturgy – H.A.Q.Q (2019):

Hay dos tipos de personas en el mundo, los que consideran a Liturgy una herejía dentro del espectro de black metal y a los que les parece un ejercicio musical que busca trascender las limitaciones del ser y la conciencia.

Incluso para quienes consideran el proyecto de Hunter HuntHendrix algo innovador, el sonido radical de Liturgy a ratos se vuelve demasiado pesado para disfrutar de forma tradicional. No es música que aspira a entretener los oídos o hacerte cantar coros mientras limpias el patio.

Es música que busca ampliar las fronteras de lo que conocemos por música, se convierte en un ejercicio de lo Sublime como diría el perro loco de Kant (y estaría fascinado de escucharlos si estuviese vivo en la actualidad). Los blast beats, sintetizadores que bordean el glitch y los acelerados riffs de guitarra hacen de H.A.A.Q una experiencia incómoda para todos los sentidos.

Sigue la línea de Caligula, es ideal para comenzar algún ritual familiar o asustar a la patrulla de pacos que van a mandar a tu casa.

3-Caustic Wound – Death Posture (2020):

Muchos piensan que el grindcore murió con Napalm Death y Pig Destroyer, pero Caustic Wound llegó este año a hacer uno de los discos más pútridos pero refinados que existen. Es una mezcla de pura brutalidad con excelente producción que a ratos hace que hasta suene demasiado pulcro dentro de toda la agresividad que contiene cada uno de los temas.

Con 26 minutos, es casi un Dark Side of The Moon para efectos del géneros y también para cualquier persona que nunca antes haya escuchado en su vida blast beats con esa velocidad.

Es raro escuchar la palabra pulcro en conjunto a grindcore, pero Caustic Wound lograron una mezcla extraña que funciona para despertar con arritmia a cualquier persona durante las mañanas, incluso sirve bien para interrumpir las siestas de la tarde con esos riffs grotescos y voces que parecieran tener un aliento capaz de quemar la carne.

4-Death – The Sound of Perseverance (1998):

El último de Death quizás no es el mejor, ese título se lo podría llevar Scream Bloody Gore (1987) o Leprosy (1988) donde suenan mucho más agresivos y caóticos que en el resto de su discografía. Sin embargo, The Sound of Perseverance tiene unos resabios mucho más técnicos que el death metal más puro. El trabajo de Richard Christy es increíble. Cada relleno de batería, los quiebres dentro de las mismas canciones e incluso el sonido de los platillos se escuchan impecables.

The Sound of Perseverance es de los pocos discos de la primera ola de death metal que mantienen la vara alta, tanto en su producción como en sus instrumentales. Cuando la banda quiere acelerar no van al tiro a los blast beats, hay toques de thrash que se inmiscuyen entre las increíbles secciones de batería. A diferencia de los otros discos en la lista, es mucho más somero, dan ganas de tomar borgoña o arreglar el jardín por la tarde mientras suena de fondo.

5- Devourment: Slam

Eso es lo que tocan, eso es lo que comenzaron tocando y es lo que van a seguir haciendo mientras exista gente como yo que a veces los escucha con muchísima culpa, debido al mensaje que intentan transmitir. No es una banda que quiera recomendar, similar a lo que pasó en el primer volumen de esta serie con Cephalotripsy, es música que bordea la vulgaridad por sus letras y el caos con su sonido.

Más allá que la instrumentalización sea brutal a solo un paso de ser casi puro ruido, la virulencia y violencia de sus letras me provoca sentimientos encontrados. Si no tuviera ese dilema ético, podría hablar un poco más en profundidad sobre lo que hacen. No obstante, son el tipo de música que uno pondría cuando ya no hay más opciones. Cuando los vecinos llevan horas escuchando Romeo Santos y una nota alta más te va a reventar los oídos, para ese tipo de circunstancias.

6- – Sunbather (2013):

Es el disco regalón de la gente que nunca antes había escuchado death metal pero sí amaba My Bloody Valentine y Cocteau Twins. Pulcro y tonos de guitarra que son sinceramente bonitos, nada que se pudiera acercar a la ola de black metal escandinavo de los 90s.

A ratos, cualquier canción de Sunbather podría estar en la banda sonora de una película de Wes Anderson, así de estéticamente placenteros son. La frustación contenida en las letras se ve contrapuesta por escenarios cándidos que recuerdan a Explosions in the Sky y Mogwai.

Es un disco para sentarse en el sol de invierno por las tardes y leer un libro (recomiendo algo de Joan Didion). También para los días de primavera en que dan ganas de acostarse al sol y tomar sangría y apreciar cuán buena es la vida cuando no se está revisando las noticias cada cinco minutos y no existen las redes sociales.

7- Havok – Time Is Up (2011):

Sin lugar a dudas, uno de mis favoritos. Las líneas de bajo suenan tan densas y aceleradas como es posible para una banda de thrash. Es lo mejor de los primeros discos de Metallica y Megadeth. Dan ganas de hacer ejercicio.

Con excepción del vocalista, los integrantes de Havok son virtuosos al momento de tocar sus instrumentos. Aunque suene demasiado exagerado, suenan más preciso que un metrónomo, incluso teniendo en cuenta a la velocidad que tocan. En poco más de 40 minutos dejan en claro la calidad al momento de componer e interpretar, además de demostrar la habilidad de Pete Webber frente a la batería. Time Is Up es el disco que uso cuando tengo ganas de hacer una rutina de cardio más exigente de lo normal, seguir el tempo de las canciones se vuelve complejo y sudar es algo garantizado.

8- Death Grips – Steroids (Crouching Tiger Hidden Gabber Megamix, 2017):

Para efectos prácticos no es un disco, es un extended play. Tampoco es largo en duración en comparación a los otros nombres en la lista, pero sí es la mejor introducción posible al excéntrico, caótico y denso. Death Grips no es una banda que haga música accesible o sencilla, entre más abrasivos son los samplers que pueden poner en las canciones, mejor.

Si bien, se supone que hay 7-8 canciones con límites claros en el EP, para un oído que nunca los ha escuchado, son el ruido que emitiría un computador cuando se congelan todos los programas y el click solo hace que salten más alertas en la pantalla.

Por experiencia personal, no lo recomiendo para hacer una rutina de cardio, los cambios de ritmo son muy notorios para mantener establecer alguna continuidad. No obstante, sí funciona excelente para una sesión de calistenia o ejercicios con pesas focalizados, tiene la justa medida de aceleración como de pasajes más calmos para descansar entre series.

9- Beirut – Gulag Orkestar (2006):

Este disco es más que nada puro factor sorpresa, si los sonidos estridentes y pútridos no funcionan; ni tampoco son algo que pueden aguantar durante 30-45 minutos, lo mejor es usar algo más melódico. El primer disco de Beirut cuenta con una sensibilidad que pocas otras bandas han siquiera atrevido a experimentar. Son instrumentales étnicos, mucha cargar folclórica de distintos lugares europeos, pero con un  sentimiento casi colectivo.

Las referencias son claras aunque no se hayan escuchado antes, las secciones de vientos son tan memorables como los lugares a los que Zach Condon hace referencia en cada una de las composiciones.

Y en la playlist adjunta pueden encontrar todos los discos, además de una breve selección de música para seguir molestando al resto de los vecinos si es que no se quieren unir a las tradición del Imperior de no colocar la música fuerte.

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김치볶음밥

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