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El talento no se ignora. Pero lo hicieron: Ennio Morricone el genio menospreciado por Hollywood

Por años, Morricone fue ignorado por la industria en Hollywood debido a sus ideales políticos y sociales.

Para los que se inician en la vasta, vasta, vasta obra de Ennio, el punto de anclaje inicial de su obra es sin duda alguna, todo su icónico trabajo del spaguetti western. Composiciones para cintas como “A Fistful of Dollars”, “The Good, The Bad and The Ugly”, “Once Upon a Time in the West”, entre otras, terminaron por ayudar a revitalizar un género que parecía ir en franca decadencia y hoy son marca indiscutida de su talento.

Eso sí, Morricone, en lugar de encasillarse, diversificó su carrera componiendo piezas maestras para películas como “Once Upon a Time in America”, “The Mission”, “The Untouchables”, “Cinema Paradiso” o “Malena” obras que eventualmente harían que cualquiera se preguntara cómo diablos es que no ganó un Óscar.

Y es que es de conocimiento público que no fue hasta el 2006, que recibió uno en categoría de honorífico e incluso, realmente no sería hasta el 2016 que de la mano de Quentin Tarantino obtendría uno por su trabajo en la banda sonora original de The Hateful Eight. Un premio que pareciera ser más que cualquier otra cosa, de desagravio. Y falta que hacía.

Esta es la historia de cómo Morricone y sus ideales evitaron que se le reconociera como la leyenda del cine y de la música que era, en Norteamérica.

Creciendo en la Italia de postguerra

Morricone nació en Roma en 1928. Años antes de su nacimiento Benito Mussolini aprovechándose de una Italia débil postguerra disolvió el parlamento marcando el auge del fascismo Italiano que terminó gobernando a través de un partido único, totalitario y autocrático. Poco sabía Morricone en su niñez sobre lo que pasaba, pero pronto cuando creció hubo un hecho que lo marcó de por vida, a él y a su manera de ver el mundo.

Ya siendo joven, vivió en carne propia la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias. El músico nunca tuvo una infancia difícil, tampoco en pobreza, sin embargo, los efectos de la guerra lo alcanzaron a él y a millones de italianos.

En mi familia, no experimentamos el fascismo como un drama. Pero cuando se anunció la declaración de guerra, mi madre, que lo escuchó en la radio, se echó a llorar y yo con ella. Mi padre tocaba la trompeta. No éramos pobres, pero con la guerra vino el hambre: los sustitutos, el pan pegajoso, la miga que parecía pegamento.

En 2006 en una entrevista para DAZED recordaba su percepción de la misma.

De alguna manera, tuve suerte en la vida. La gente sabía de mí porque había sido un buen estudiante. Comencé como arreglista para radio, teatro y televisión, y después de seis o siete años comencé a componer.

Posterior a estas vivencias, Morricone no escondió nunca su acercamiento a los ideales de la izquierda, una izquierda que en Italia se opuso con firmeza al régimen fascista con figuras intelecutales como Antonio Gramsci que desde la cárcel, apresado por sus ideales, mantuvo su firmeza contra el régimen. Y en una época donde la industria de Hollywood perseguía en una caza de brujas a los adeptos a la izquierda, no cayó bien que Morricone confesara su afiliación al Partido Comunista Italiano.

Hollywood y la caza de brujas

No es un secreto que la izquierda -principalmente al Partido Comunista- era perseguida en Hollywood. El denominado Macartismo llevó la paranoia y el descontrol de la vigilancia en una época en donde instituciones como el Comité de Actividades Antiamericanas – HUAC, House of Un-american Activities Committee –, provocó la anulación de las carreras de muchos profesionales en los años 50 con la implementación de las famosas listas negras.

La lista negra de Hollywood le negaba el trabajo a guionistas, actores, actrices, directores, músicos y otros profesionales del entretenimiento durante la segunda mitad del siglo XX por sus lazos con el partido comunista o su afinidad con una corriente de izquierda. Directores como Edward Dmytrynk, Herbert Biberman, guionistas como Dalton Trumbo, Ring Lardner Jr o Alvah Bessie fueron citados por desacato al Congreso y ocuparon un lugar en la lista debido a que se negaron a responder sobre su participación en el Partido Comunista.

No es de extrañar que prácticas como las anteriores se mantuvieran, pero en menor medida, a lo largo del siglo XX, que fue cuando Morricone destacó con sus composiciones.

En los años 50’ dio sus primeros pasos como un compositor fantasma, creando bandas sonoras para otros. Su primer trabajo conocido fue “Morte Di Un Amico”; drama italiano dirigido por Franco Rossi, y que forman parte de una etapa «sencilla» para el músico. Llena de comedias ligeras y obras sin mayores aspiraciones.

Solo llegó a Hollywood debido a que su gran amigo de la infancia y compañero de asiento en la escuela, Sergio Leone, pensó que su talento no debería estar oculto. De hecho, en la BSO de Por un puñado de dólares firma bajo el pseudónimo de Dan Savio, nickname de uso habitual para el italiano que junto a otros como  el de Leo Nichols le servían para ocultar su identidad.

De hecho, la productora de A Fistful of Dollars pensó que los nombres estadounidenses harían que una película «occidental» fuera más «creíble» y pidió a los italianos que buscaran un seudónimo.

Sergio Leone recuerda que “[En su momento] Elegí [el pseudónimo de] Bob Robertson, [Gian Maria] Volontè se convirtió en John Wells y Ennio Morricone fue Dan Savio. Pero lo realmente divertido sucede años después, cuando, siguiendo el éxito de mis westerns, hubo casos de directores estadounidenses que trajeron un seudónimo italiano «.

El talento no se puede ignorar. Pero lo hicieron

Los años 80’ fueron marcados por su in-obviable talento. En 1978 recibió su primera nominación al Oscar por “Days of Heaven” que consagró a Terrence Malick como uno de los mejores directores de cine independiente.

En 1984 nuevamente fue considerado al Oscar por “Once Upon a Time in America”, explorando por primera vez en su carrera a el oboe como instrumento principal, marcándolo como un sello a futuro. Sin embargo, fue descalificado por la Academia debido a que no vieron el nombre de Morricone en los créditos finales de la película.

Arnon Milchan, productor en una entrevista que puedes encontrar en los extras del DVD de Once Upon a Time in America comenta:

“Imagina que estuvo tan mal organizado el estreno (en Estados Unidos) que incluso olvidaron añadir la música de Ennio Morricone. Le hubieran dado un Oscar. Quizás es la mejor banda sonora de la historia del cine.”

Ya si alguien escéptico aún desconfiara del talento de Morricone, en 1986 con “The Mission” creó una de las bandas sonoras más hermosas en la historia del cine, que acompañaron la evolución del capitán Rodrigo Mendoza (Robert De Niro) otra vez recurriendo al oboe como instrumento principal. Una composición que apuesta también, por explorar -como buen romano- el lado más católico del italiano:

Nuevamente, Morricone quedó sin el reconocimiento. Y así sucedió otra vez con The Untouchables (1987), Bugsy (1991) y finalmente Malena (2000). Morricone nunca consiguió convencer a la Academia, o tal vez ellos no querían ser convencidos. De las seis nominaciones previas a The Hateful Eight, no ganó nunca.

En 2006 recién recibió su Oscar honorifico,“por su magnífica y multifacética contribución al arte de la música cinematográfica” o como es conocido por todos, un premio entregado cuando hay un nombre en la industria con aportes notables en el cine que amenaza con jubilarse sin tener ningún premio. Fue una especie de reconocimiento para redimir a la Academia después de años de ignorar el trabajo de Morricone.

En 2016, en una especie de justica, logró el Oscar por la película de Tarantino, The Hateful Eight, con curiosamente dos temas originales en todo el score ¿el resto? solo piezas descartadas de The Thing de Carpenter.

“Había escrito una partitura para orquesta para The Thing –comentó en una entrevista-, y también toda una partitura para sintetizador, porque sabía que a eso estaba acostumbrado Carpenter. Le pasé ambas, y lo único que él usó en toda la película fue el título principal del sintetizador. Así que le dije a Quentin, lo que puedo hacer es escribir un tema principal y con las otras piezas musicales de The Thing, tendrás tu partitura original, y no estamos haciendo nada malo porque nunca se ha utilizado en una película”.

Morricone nunca gustó de trabajar en américa. Lo odiaba, no le interesaba el idioma, despreciaba el «american way of life» y en las contadas excepciones que lo hizo, siempre fue menospreciado. Fijó gran parte de su carrera en su Europa natal en donde trabajó con figuras insignes como Pasolini, Argento o Tornatore.

De hecho, el robo a mano armada que supuso perder con el score de La Misión le rompió el corazón. Morricone nunca entendió como su BSO original (y mítica hasta el día de hoy) perdía contra Round Midnight de Herbie Hancock. Algo incomprensible, pues el score no era original, sino que arreglos sobre temas existentes.

Lo que nunca se borrará es el legado eterno de Morricone, menos por la Academia. Sus increíbles bandas sonoras, la valentía de diversificar en diferentes estilos y deconstruir su propia música una y otra vez para dar vida a obras maestras en la historia del cine.

La Academia tampoco pudo borrar sus ideales, que fueron abrazados a pesar de que aquello le costará el reconocimiento de una industria que ha dominado el cine por décadas. Morricone ha dejado una huella imborrable en el cine, Morricone ya es eterno.

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