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El Infinito

Death Note (one-shot): Sobre cómo la ambición acaba con todo

Una secuela en toda regla.

Semanas atrás nos enteramos que la historia de Death Note regresaba y nada menos que con sus autores originales. Una nueva entrega en formato one-shot y además, spin-off de la trama principal del exitoso manga de Shūeisha lanzado en el 2003 y concluido en el 2006.

Sin embargo, lo que ofrece este tomo autoconclusivo es mucho más de lo que podríamos esperar, y es una agradable sorpresa que muestra el cómo los autores no solo han evolucionado de manera positiva, sino que además es un regreso a la saga en toda forma cuando, sabemos, podría ser un absoluto desastre.

El apartado artístico que ofrece Takeshi Obata aun cuando era bueno en la obra original, hoy se aprecia el cómo ha cambiado ligeramente (para mejor) tras los mangas por los que ha pasado posterior a Death Note, trayendo un dibujo con personajes más estilizados y definidos, y por otro lado Tsugumi Ohba con una idea y narración completamente contemporánea, e inteligente.

Minoru Tanaka es un adolescente de secundaria al cual Ryuk (sí, el mismo shinigami de la historia principal) visita para entregarle la Death Note y que este decida que hará con la libreta. Una idea que hasta este punto pareciera que es el mismo argumento que ocurrió con Light Yagami, pero lo curioso aquí es que justamente pasa 10 años después de los acontecimientos ocurridos con Kira.

La diferencia más notable? La sociedad tiene inserto en el consciente colectivo lo sucedido e incluso el protagonista de ahora entiende lo peligroso que supone tener en su poder la libreta, debido a que se ha llegado a dictar clases de ética en su escuela para tomar reproche de la figura del genocida.

El solo hecho de tener el poder de Kira hace que nuestro protagonista tome una dirección diferente. Dentro de su desconcierto decide rechazar la oferta del shinigami, quien vuelve en dos años, cuando Minoru ya tiene idea sobre qué hacer con la libreta, y es aquí en donde se comienza a desenvolver la trama, ¿qué cambiaría en dos años que resulta conveniente delegar este poder?

Tras ir leyendo el tomo podemos dar cuenta de que no nos encontramos frente a un spin-off en toda la extensión de su palabra como se había anunciado, sino que es una secuela, y que incluso dota de más sentido a la historia principal, era un eslabón que faltaba, pero que nadie habría dado cuenta de que realmente no estaba.

La sociedad en el manga evolucionó, así como también en nuestra vida real (dando paso a nuevos conflictos de poder en el panorama mundial), por esto la portada dice “Una historia de Death Note actual” y el protagonista da cuenta de aquello.

La ciudad está ahora incluso, modernizada, llena de cámaras y tecnología de reconocimiento facial. Se ha vuelto de cierta forma el antagonista principal y enfrenta a su protagonista de manera mucho más directa y como un rival mucho más implacable, a la hora de dar caza a quien use la Death Note.

Incluso la misma policía ya tiene antecedentes de cómo funciona, así como algunos agentes saben cómo luce Ryuk, por lo que cualquier paso el falso significaría la derrota.

Death Note más allá de ser un manga detectivesco de enfrentar dos fuerzas organizadas como el bien y mal (da igual de qué personajes interpretemos como protagonista o antagonista), es una historia que evidencia cómo el orgullo y la ira entran en un desenfreno llevando a Light Yagami desde la ambición hasta la pérdida total, finalmente Light siempre estuvo condenado al fracaso.

Ahora pensaríamos que esta secuela se trataría sobre cómo otro portador de la libreta se dedicaría a matar personas buscando un motivo propio, y es aquí en donde este manga toma más fuerza, porque nos descarrila de todo lo que sabíamos que hacía o era la Death Note.

El protagonista elije una arista completamente diferente para acercarse en su relación al poder que ofrece una Death Note. Ya no es un delirio de poder, es otra cosa, y es en ese sentido que este One Shot se valida como una propuesta en si misma y no como un mero accesorio de la saga. “Las promesas son una prueba de mi honradez” reza la portada. Mucho sentido tiene aquella frase.

Una sentencia que evidencia el cómo la fidelidad del shinigami hacia las normas siempre fueron la razón del fracaso. Ryuk nunca supuso un compañero de los protagonistas, sino más bien un socio que conoce los peligros del juego, pero se mantiene, en cierto grado, alejado de él

Ryuk ya lo sentencia; «quienes se aprovechen del cuaderno, siempre acabarán mal».

En síntesis, este one-shot de Death Note trae a colación una historia con un rumbo inesperado, en nueva perspectiva en la ambición del poder y que valida completamente su existencia como una secuela en toda regla tanto en el plano artístico como en el narrativo. Una agradable, agradable sorpresa.

Lo puedes leer aquí (legalmente).

Estudiante de Teoría e Historia del Arte. Fanático del cine, los videojuegos, cómic y moda streetwear.

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