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Alta Fidelidad

Alta Fidelidad: Nujabes, así se siente la nostalgia

Nujabes y el sonido de la ciudad atemporal.

No me gusta el jazz. Recuerdo que tenía ocho años y mi mamá por las mañanas ponía música. Como me tocaba la jornada de la tarde durante la básica, hacía las tareas después del desayuno. Y mientras ella cocinaba, sonaba Kind of Blue de Miles Davis.

No lo paso. Me desespera. Parafraseando a Fred Armisen en Standup for Drummers (2018), uno escucha las primeras notas de jazz y es agradable, suena liviano, recorre todo el cuerpo con suavidad. Después de treinta segundos, te das cuenta lo que estás escuchando y piensas: ‘’Esto es Jazz’’. Pierdes el hilo y te quedas pensando en otra cosa para olvidar que estás escuchando a una banda que ha practicado durante meses para sonar así de precisa, con músicos que han pasado años trabajando armonías.

Puedo apreciar la calidad técnica de los distintos intérpretes, sus cualidades únicas como músicas y el legado que le han dejado a generaciones de compositores que se han basado en sus particularidades a la hora de tocar. Sin embargo, no lo paso. Luego de unos minutos, se vuelve tedioso, al punto que la monotonía entre los distintos solos y armonías se convierte, para mí, en una soberana lata.

Unos años después, mirando Toonami en Cartoon Network, puedo recordar perfectamente cómo me hacía sentir la música de Samurai Champloo. También una especie de desesperación por saber quién la había hecho. Con el tiempo, lo aprendí. Nujabes. Y no hay nadie más como Nujabes. La serie ni siquiera me gustaba. Hasta el día de hoy no puedo encontrar ningún atractivo fuera de esos beats. Lo sé, crucifíquenme.

Describir con palabras el sonido de Nujabes es díficil. Por no decir que todo esto es inútil y deberían ir a escuchar Sanctuary Ship, Tsurugi No Mai o Aruarian Dance. Es Lo-Fi, lo que en realidad, no dice mucho y además, lo sobresimplifica absurdamente.

El trabajo de Jun Seba, quien murió en un accidente automovilístico en 2010 con tan solo 36 años, se caracterizó en gran medida por ser instrumental. A diferencia de J Dilla y Madlib, los que utilizaban samples vocales para llenar espacios, Nujabes dejaba al oyente una dimensión para crear una historia, creada por él. Es un sonido contemplativo, mas no del todo delicado o calmo, a ratos las cajas suenan secas y contundentes.

Incluso en temas largos como Horizon de 7 minutos y medio, no se vuelve monótono. La habilidad para crear texturas cálidas y beats a ratos, fuera de ritmo, es algo que diferencia a Nujabes de cualquier otro productor.

El ruido de la ciudad atemporal

Es necesario cierto carácter para dar con composiciones tan introspectivas. No cualquier flow le puede caer bien encima, porque suenan alienantes. Es como si Nujabes hubiese hecho cada uno de los temas pensando en la dificultad para rapear encima de ellos. Y se acerca bastante al trabajo de Yasunari Kawabata: Ambos se dedicaron a delinear ciertos aspectos idiosincráticos japoneses.

La apreciación estética por la naturaleza, el ritmo con el que se mueve la vida fuera de las urbes contemporáneas. Lugares que no pertenecen al mundo lleno de celulares y ruido ambiental.

Otra de las características esenciales del sonido Nujabes era su capacidad para incluir instrumentalización sin perder la textura del beat. En Down On The Side, después de casi dos minutos de beat repetitivo, introduce vientos que entregan apoyo emocional sin romper con el esquema.

Todo Spiritual State (2011) sigue el mismo patrón. Las transiciones son dulces, melodías que abrazan mientras los beats no desentonan o producen quiebres abruptos. Todo el sabor de Nujabes se encontraba es la facilidad para agregar pequeños deslumbres de genialidad. A pesar de ser un disco póstumo, el ethos de sus composiciones incompletas mantiene la línea de sus tres LP. No es el mejor punto de entrada eso sí, es una Nujabes levemente descompuesto, con una sensibilidad tosca.

El primer lanzamiento de Nujabes, titulado Metaphorical Music (2003) deja clarísimo el tipo de aproximación a sus composiciones: Minimalista con un énfasis estético en la apreciación del sonido. Si bien, la mayoría de los temas instrumentales del disco no tienen el sabor que caracterizaba al productor, los distintos MCs presentes (Shing02, Substantial, Five Deez y Cise Starr) le entregan mayor profundidad. El productor no solo crea el beat, también es responsable de encontrar las voces correctas para darle vida a su sonido.

En 2004, Nujabes trabajó en Samurai Champloo: Departure junto a Fat Jon. El primer OST del anime es el lugar ideal para comenzar a escucharlo. Los pianos a ratos suenan desafinados, los beats nunca son lo suficientemente potentes para quitarle protagonismo al resto de la composición, los arpegios de guitarra fluyen a través de los arreglos de cuerda sin estorbarse. Es música para dejar sonando de fondo al hacer cualquier otra actividad, pero de la que siempre se está pendiente.

A diferencia de los miles de productores amateur que figuran en las radios y playlist de lo-fi hip hop beats chill to study, Nujabes tenía un talento especial para retratar a través de instrumentales cierta parsimonia por la que se conoce a su país natal.

Sin desmerecer el trabajo de todos ellos, los años de práctica y la capacidad para enfrentar los beats como un ejercicio de apreciación estética de la naturaleza lo ponen a un nivel inalcanzable.

J Dilla tenía su sello personal en la forma de manipular el beat, de repente fuera de tempo, agregando un par de notas en lugares inesperados. Mientras que Madlib hizo lo suyo con muchos más adornos, quiebres ligados a su selección de samples y su habilidad para trabajar con distintos MCs, desde MF Doom y Freddie Gibbs, haciéndolos sonar como el plato principal sin perder protagonismo alguno.

Nujabes destaca por un oído capaz de llenar espacios con distintos timbres. Si dejaba espacios vacíos, era deliberado. Cada clarinete, guitarra, flauta y harpa llegaban a sus canciones debido al ardúo trabajo en sus composiciones, no por mera arbitrariedad al momento de crear texturas. El amplio espectro de instrumentos no solo demuestra su capacidad para sonar atractivo en cada composición, es un ejemplo de su maleabilidad; sin perder su sonido característico mostraba su evolución progresiva a través de sus discos.

Wu Tang Clan ya había pavimentado el camino para la unión entre el hip hop y la cultura asiática. No obstante, fue el trabajo de Nujabes en el soundtrack de Samurai Champloo quien abrió la puerta para el influjo de raperos con un gusto por la animación japonesa. Snoop Dogg, Kanye West, Childish Gambino. Sobre todo para la generación que creció viendo Toonami, Lil Uzi Vert, Lil Peep, Denzel Curry, Xavier Wulf. Ser otaku y escuchar hip hop hoy está bien, es aceptado.

Ser otaku, escuchar hip hop y tener una pasión singular por la comida está bien. Porque la música de Nujabes no era tan solo crear paisajes sonoros con un tinte de nostalgia, estaba cargado de su personalidad. En ristorante / good music cuisine: making good beats like cooking good foods un mixtape lanzado en 2002, deja entrever aquella parte de su amor por la comida, la música brasileña y compartir experiencias con amigos. Así suena la nostalgia.

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김치볶음밥

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