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Alta Fidelidad

Alta Fidelidad: 20 años en retrospectiva de Death Cab for Cutie – We Have the Facts and We’re Voting Yes

Música sad para gente más vieja.

La semana pasada, Ben Gibbard, vocalista de Death Cab for Cutie y un montón de proyectos extra, comenzó a hacer streams tocando versiones acústicas de sus distintas bandas e incluso tomando pedidos del público para hacer covers de otros artistas. A ratos, hay más de 10 mil espectadores viéndolo al mismo tiempo.

Yo no vi el impacto de We Have the Facts and We’re Voting Yes en su época: a comienzos de siglo tenía recién 5 años. Lo descubrí ya entrado a la adolescencia. Tampoco fui parte de los incipientes años de internet y programas P2P para bajar música, el lugar donde la banda de Seattle encontró su audiencia.

La progresión de la banda ha sido bastante clara con el paso del tiempo: Something About Planes los convirtió un nombre a seguir, We Have the Facts dejó claro que podían hacer discos mejores y apuntar más alto, The Photo Album entregó el primer single, Transatlanticism los catapultó al estrellato indie, Plans recibió una nominación al Grammy y Narrow Stairs fue el punto donde llegó su primer #1 en los charts.

Eran años adolescentes. El sonido lo refleja. We Have the Facts es quizás el disco más duro, aspero y oscuro de la banda. No tiene ninguna Soul Meets Body o Expo ’86. Por el contrario, No Joy In Mudville es densa, cargada de guitarras roídas, con la voz de Gibbard apenas logrando llegar a las notas antes de quebrarse y con una duración de 6 minutos, algo extraño para la banda.

Es un disco de transición, no solo para el sonido de Death Cab como conjunto, sino para todos sus integrantes. Hasta su partida, Chris Walla se encargaba de los instrumentales, dejando a Gibbard el trabajo de las letras. Si bien estas últimas no cambiaron en gran medida a través de su discografía, el motivo en We Have the Facts es claro: el periodo de entrar a la vida adulta.

El mismo Gibbard comenta a Vulture que The Employment Pages trata sobre mudarse a Seattle, la dificultad de encontrar trabajo, la falta de dinero y las decisiones que lo llevaron a una ciudad tan grande y desconocida.

Para los que conocimos a la banda con Transatlanticism y Plans, ésta parecía más que nada un refugio indie para relaciones fallidas. Buscar la culpa y lamentarse por el fracaso era la única motivación para escucharlos. Pero en We Have the Facts Death Cab es una bestia distinta. Es la bestia de la adultez. El terror de un mundo donde hay que estudiar a tiempo propio, trabajar, cumplir con cuentas y buscar el tiempo para ver amigos.

Chris Walla, el guitarrista y productor detrás de gran parte del éxito de la banda, dijo que We Have the Facts es su disco favorito. Aunque a nivel de producción suena áspero en los bordes, la energía que sale de cada composición es un punto lejano del resto de sus placas.

Tal es el caso de Company Calls: la banda nunca se ha caracterizado por tempos acelerados, baterías marcadas y compactas, menos por Gibbard casi llegando a los gritos. Es raro escucharlos tener rabia, ya sea por perder una entrevista o una relación sentimental. Es refrescante escuchar a Death Cab sin llorar.

En Company Calls Epilogue, la banda vuelve a ese sonido que era una mezcla entre Danger Mouse y Built To Spill pero con demasiada tristeza de fondo. Y además dejando en claro que Gibbard siempre ha sido un excelente escritor:

You were the one but I can’t spit it out when the date’s been set
The white routine to be ingested inaccurately.

Death Cab desarolló un estilo particular en We Have the Facts. Encontraron al fórmula que daría nacimiento a Death of an Interior Decorator, Brothers on a Hotel Bed y Cath… Música lenta y triste, con narradores obsesionados con las relaciones de pareja, el matrimonio, los cigarrillos, la humedad del mar y la lluvia.

Es difícil dejar de lado cierta toxicidad inherente las letras de Gibbard. Hay demasiada dependencia, necesidad de venganza y falta de reciprocidad. Claro ejemplo de lo anterior es For What Reason donde canta:

This won’t be the last you hear from me

It’s just the start

I hope that he keeps you up for weeks

Like you did to me.

Los narradores de Gibbard carecen de autocontrol, en muchas ocasiones están cargados de rabia como sucede en Lowell, MA donde en el puente se escucha:

I thought that you had come to expect
I thought that you had come to expect more
I thought that you had come to expect
I thought that you had come to expect more.

Es el estereotipo del good guy finishes last. El mismo que aparece en The O.C, una de las series que cuenta con música de la banda.

Según Gibbard en uno de sus streams, el título surgió debido a que vio a un músico local de la escena en Seattle usando una polera con aquel eslogan. Y ese es el contexto en que nació We Have the Facts, canciones con una producción mediocre, letras adolescentes sin pensar en el contenido más allá de la rabia.

Canciones para compartir con amigos en CD o a través de Kaaza y Limewire.

En ningún momento We Have the Facts pasó a ser el punto de partida de una carrera exitosa de una banda que tiene como nicho hacer llorar a su audiencia. Pero sí convirtió en la base para la misma. Todos los cimientos necesarios yacen ahí. Con los años se fueron puliendo y comenzaron a llegar a un público más grande, figurando en importantes festivales, programas de televisión y series.

Death Cab se convirtió en la banda de cabecera para una generación que, en gran medida, descubrió sus gustos, pasiones y temores a través de internet.

Para mí, We Have the Facts es mi disco favorito. Son una banda que literal llevo tatuada en el brazo. La pasión de seguir escribiendo y pensar que habrá mundo en 20 años más, mirar en retrospectiva y esperar ver una historia similar.

https://open.spotify.com/album/3cTgMg4hxwFyUuJlcB2cS2
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