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Alfredo Castro y Tengo Miedo Torero: «Pedro Lemebel acarrea la revolución»

Un designio.

Fueron unos seis pisco sour con Pedro Lemebel en un bar de barrio Lastarria lo que convirtió a Alfredo Castro en el actor designado para interpretar a La Loca del Frente, el personaje protagonista de Tengo miedo torero, la única novela del escritor que hoy está nuevamente en boca de todos gracias a la próxima adaptación al cine que llegará de la mano de Rodrigo Sepúlveda Urzúa.

Porque eso fue: una designación, una orden. No le preguntó si quería hacerlo. “¿Cuando Pedro iba a preguntar algo? Tú estás loco”, bromea el director teatral, docente, actor de series, películas e innumerables teleseries de la era más bonita de nuestra televisión pública.

Abordamos a Castro a propósito de la adaptación de Tengo miedo torero (y de la recientemente estrenada serie de Amazon Prime, La Jauría). Aceptó de inmediato a conversar. En medio de convulsas reuniones por teletrabajo, Zoom, y el estrés que estamos sufriendo todos por el encierro, se dio el tiempo de recibirnos y abrirnos un espacio para hablar -cómo no- de la obra del escritor, pero también de la percepción del arte, de su importancia en este confinamiento, y, por supuesto, de política.

El arte, la creación, es memoria

La historia de la adaptación de Tengo miedo torero es larga. Es una cinta que se ha buscado concretar por más de 15 años y que ha pasado por diferentes directores. Hoy, comandada por Rodrigo Sepúlveda, ya tiene un primer trailer con el que comienza a hacerse un lugar en diferentes festivales. Y la recepción no pudo ser mejor.

Trending topic y noticia nacional, el adelanto recibió el amor generalizado en las redes sociales y en los medios de comunicación. Tanto así, que Alfredo Castro tuvo que abrir una cuenta en Twitter solo para agradecer al público.

Tengo miedo torero es una historia de amor rosa envuelta en una de las épocas más oscuras de nuestro país. Un romance entre un homosexual travesti de población y un guerrillero del FPMR enmarcado en un mundo marginal pero rebelde que en 1986 ya arrastraba años de protesta marcadas por la implementación de un modelo neoliberal a punta de muertos, torturados y desaparecidos.

Sin embargo, Alfredo ha insistido mucho en que el personaje que interpretará no es un relato autobiográfico del fallecido escritor.

“La Loca del Frente no es Pedro Lemebel. Y sí es Pedro Lemebel. Como toda ficción, obviamente que escribe desde sí, y Pedro era su obra en sí mismo. Sus tacos, su cuerpo, sus plumas, sus turbantes, su voz, su no voz. Pero la novela empieza a describir al personaje y no es Pedro Lemebel. Es una vieja flaca, sin dientes, roñosa, tremendamente proleta, con poco pelo, mal teñido, en fin”.

Alfredo asume este como uno de sus grandes personajes, en parte por todo el peso que tiene para la generación que luchó contra la dictadura, pero también por el peso que tiene para las disidencias sexuales la vida y obra de Lemebel.

«Me sentí súper bendecido y aterrado. Tú comprendes que esto es un rol emblemático, un rol que está en el imaginario de todo Chile y de la comunidad gay, entonces es una responsabilidad enorme».

Por lo mismo confiesa que conversó con varias personas cercanas al escritor, quienes le recomendaron que no era necesario que su personaje fuera una loca desatada, ni tampoco que hablara en jerga marginal. Porque Lemebel siempre fue respetuoso del lenguaje y la novela no está escrita de esa manera.

«Llamé a algunas personas e hice una pregunta: ¿es necesario que yo mariconee haciendo este personaje?» «No» me dijeron. «Por ningún motivo». Cuando Pedro cuando estaba en la juerga era un desatado, pero cuando estaba en la academia, o estaba donde tenía que estar, era reverente, respetuoso y siempre mantenía un lugar de dignidad».

Ha pasado más de una década desde que se comenzó a fraguar esta película, con líos de derechos de autor vencidos, tres cabezas distintas a cargo y otros tantos pormenores. Pero Alfredo siempre se mantuvo como el protagonista indiscutido, por respeto a la memoria de Pedro. Los tiempos hicieron coincidir la película con un Chile que muta como nunca se imaginó durante el rodaje. Quizás era el destino el que lo quería así.

¿Se hace justicia con la imagen de Pedro al estrenar la película precisamente ahora? ¿Qué espejo crees nos trae la película con su estreno en este momento?

Bueno, Lemebel acarrea la historia con él vivo y muerto. La revolución la acarrea, inevitablemente. Y pasa que Pedro fue muy maltratado, como artista y como creador, por su sexualidad, por sus tacos, por sus plumas, por su pinta y por su irreverencia. Fue siempre muy maltratado. Naturalmente por la derecha más burguesa y deplorable, pero también por la izquierda.

¿Cómo fue para ti toda esta experiencia?

Mira, la película la filmamos en julio del año pasado. En esta época yo me estaba poniendo extensiones, pintándome el pelo naranja, depilándome el pecho, todo. Grabamos la película muertos de frío, terminamos entre agosto y septiembre. Y luego, mes y medio después, vino el estallido, y luego más encima un año después viene la pandemia. -¡Estamos marcados por el sino!- entonces Pedro, como siempre, acarrea la revolución, y el contexto se mezcla con la trama, donde está el atentado a Pinochet, la dictadura y los miles de muertos que casi siempre terminan estando en el mismo mundo.

¿Cómo te has tomado la recepción en el público?

A mi lo que más me ha sorprendido es ver que la gente transversalmente lloró con el trailer. Y yo quise en mi Twitter dar las gracias a Pedro porque siento que él, con esta película, termina haciendo lo mismo que la pandemia (con todo respeto), que es decirle al país “¿saben qué más? este es un país tercermundista, es un país pobre”. Porque la gente que está muriendo es gente pobre. Y La Loca del Frente es una loca pobre, que casi dio la vida por tu revolución, por tu pituquerío.

Hoy, cuando en el cine chileno ya comienza a desacralizar ciertos temas, cuando ya tenemos una película sobre Karadima y sobre El Club, ¿es este el momento de Tengo miedo torero? ¿Este cine era impensado en los 90? ¿En la primera década de los 2000? ¿Chile está más preparado?

No, yo siento una profunda desconfianza en este país, porque hay solo una parte de la historia contada. Es tiempo también de no ser ingenuos. Chile es un país profundamente homofóbico, peligroso. Hay que estar atentos, yo no me creo esta supuesta liberalidad de Chile, para nada. Pero también creo relevante no centrar la película en lo gay. Es cierto, el protagonista es un homosexual, pero hay una historia política, un dictador, el retrato de un Chile.

Alfredo es consciente de que la película habla de muchas más cosas además de la orientación sexual de su protagonista, pero también es consciente que la Loca del Frente se ha convertido en un símbolo de la comunidad LGBT+. Y en esta conversación, también espera que se hable de la parte de la historia gay de Chile que las luces y las plumas a veces pueden tapar.

“Uno ve a los alumnos ahora y ve como desarrollan su sexualidad más libremente. Y es hermoso, pero siempre me acuerdo de Pedro que decía “si la gente joven ahora puede besarse y puede vivir libremente su sexualidad es porque yo puse el culo 30 años”. Y me gusta que la gente joven entienda que antes de esto, antes incluso de las horrendas muertes de ahora, Pedro estuvo, fue golpeado, y hubo muertos. Hay una tragedia importante para no olvidar”, afirma en la conversación.

Tengo miedo torero se manda a leer en los colegios. Tiene una cierta penetración social, porque llega a incluso a ese punto. ¿Qué crees que va a generar en la gente, qué reflexión sobre el Chile actual nos va a traer?

Yo creo que es tiempo de no ser ingenuos. Me parece que también es interesante que de parte de la comunidad gay no se centre la película en «lo gay». Sí, la película tiene un personaje principal gay, pero no seamos tan fanáticos. Detrás tiene una historia política, hay un dictador, hay un Chile, no todo es gay.

Es interesante que el trailer haya atravesado radicalmente la opinión pública. Me sentí aliviado, satisfecho, contento y agradecido de mucha gente de la comunidad gay, que a mí me importa mucho. Un chico me escribió y me dijo «sabís que más? tenís la bendición de los colas de Chile» y dije, chuta, qué bonita declaración. Porque era un riesgo. Era un riesgo hacer una caricatura.

Seguimos conversando con Alfredo. Nos pide disculpas pero el encierro lo tiene «con ganas de hablar» Así que eso hacemos.

¿La pandemia nos ha puesto mucho más ansiosos a todos? ¿Más ganas de abrazar, de conectar con la gente?

Sí, a mi me da pena ver a mis amigos, a mi hija, verla por acá. No verlos por dos o tres meses. Es duro.

¿Cuánto tiempo ya llevas encerrado?

Tres meses. Hice la última función el 15 de marzo, de Excesos. Terminamos el día domingo cuando quedó la embarrá, hicimos la función muertos de susto. El público también, terminamos la obra, aplausos apurados, cerramos el teatro, agarramos las cosas y se acabó. De ahí, hasta el día de hoy.

Y sobre eso, quería contarles de Excesos. Porque Tengo miedo torero no es la primera ni la única novela gay en Chile. Piensa en El Príncipe, una película que hice hace ya hace casi dos años. Ganó el Queer Lion en Venecia. Una novela de los setenta de la cual el autor, para poder hablar de la cosa gay, se sitúa en la cárcel. Para poder publicar esta novela, como pretexto, para una linda historia de amor.

Y bueno, mucho antes de eso también tenemos Lugar sin límites de José Donoso. También una novela maravillosa en la cual está sustentada la obra que estaba haciendo antes de esta cosa (la pandemia), llamada Frente a un hombre armado, hecha por Mauricio Wacquez, que nadie conoce en Chile y es un tremendo. O sea, no hay una descripción de un contacto sexual más maravillosamente escrito y descrito que el que hace Mauricio en esa novela. Él se tuvo que ir de Chile por maltrato también.

Arte en el nuevo Chile

Seguimos, Alfredo se emociona por el recibimiento del avance. Pero sabe que se corre en desventaja. Cuando hablamos de marginalidad y sobre que estas historias «del cola pobre» es material de exportación, sobre que estas realidades son «aplaudidas en todo el mundo» y acá en Chile no alcanza estar una semana en cartelera, se indigna.

El cine chileno puede ganar un Oscar, pero no será promovido con entusiasmo. Se le destinarán pocas salas, e incluso en esas salas tampoco se llenarán las butacas.

¿Qué te pasa con esa contradicción? ¿Somos muy de la boca pa afuera?

Sí. Yo nunca me voy a olvidar cuando hicimos Tony Manero, y estando en Cannes -Pablo Larraín era muy joven- una periodista francesa hace la siguiente pregunta: «¿por qué la elección de una estética tan fea para una película bla bla bla?», y Pablo se queda como impresionado y le dije «déjame contestar». Bueno, «esa estética tan fea es mi país. No es una estética, no es una elección: así es mi país» y la periodista se quedó muda, porque su pregunta fue horrenda. Y lo mismo pasa ahora como que «Ay! los artistas tan especiales que son, tan diferentes que son, tan feas las películas chilenas» y esa perspectiva es horrible.

Pero no solo eso. Por ejemplo, El Club duró en salas 2, 3 semanas… y otras muchas películas afuera las dan por años, para miles de personas, y acá las van a ver 2 mil. Algo falta ahí, algún trabajo que hacer. Por ejemplo, sacar el cine de las grandes salas, bajarlo a los cines populares, a los cines de barrio, a los cines pequeños.

Pero ya no quedan espacios así, no existe el cine como un lugar donde ir. Ahora todo está empotrado en el mall.

Lo que han hecho los países civilizados es abrir casas club, cines club, lo que era el cine arte Normandie. Pero métanles lucas pa la calefacción, para las butacas, para la proyección, hasta para que vendan cabritas, ¿por qué no? En los recorridos que he hecho por las películas no he visto que se pasen en los cines, sino que en salas para 80, 100 personas. No compite con el Hombre Araña ni nada de eso, no tiene por qué.

Pero las distribuidoras chilenas están en franca desventaja con Avengers y toda esa industria. Qué le queda a los creadores chilenos, ¿migrar al streaming con Netflix, con Amazon, con HBO?

Bueno, ¿por qué no? Si es trabajo para tantas personas. Te imaginarás que en una película no trabajan los cuatro actores y el director, trabajan por lo menos 100 personas, por lo menos. Entonces que vengan todas estas plataformas, que vengan, si los actores tenemos que trabajar. Pero eso no quita que en Chile hagamos un muy muy buen cine.

Pero ¿por qué tenemos que trabajar en la precariedad más espantosa, muertos de frío, a la interperie, en las condiciones deplorables? Porque los fondos… ¿cuánto te dan para una película? 100 o 200 millones, pero cuestan 500 o 600 mil dólares.

¿Ha hecho mal la cultura de los fondos concursables?

No, yo creo que ha hecho bien, pero hay que reformarlo. Porque es antidemocrático. Para postular te piden tener un master en economía o producción. Y ahí ¿qué hace un chico que escribe poemas en Mulchén, o una chica con una cámara en Atacama que quiere hacer una película con sus amigos?

Entonces hay que reevaluarlo, sacarle toda la burocracia que tiene, y que dejen de pedir estos requisitos inalcanzables. Porque claro, te dan la plata, pero el 10 o 12 por ciento lo tienes que poner tú. Y quién tiene, no sé, ¿12 millones, 7 millones?

¿Y cómo se sale de ese estado? Porque hasta ahora el cine chileno tiene que ganarse un Oscar para que recién ahí les digan «mira, me gustaste»

Yo siempre he sido partidario de que el Estado subvencione a las artes. A todas. Porque esto que hacemos es el patrimonio más profundo de nuestra cultura, es patrimonio de Chile. Cuando en 100, 150, 200 años más los niños de ese entonces quieran estudiar historia van a ver las películas, los libros, la música, los bailes, incluso páginas como Plan9 formarán parte de eso.

Pero ¿cómo se convence de eso a los grupos más conservadores, más reaccionarios, donde se arma un escándalo por planes de apoyo a la cultura que cuesten 15 mil millones de pesos?

Bueno, ahí no hay vuelta que darle. En la derecha hay algunas personas más jóvenes que creo pueden empujar un poco, ayudar, pero el neoliberalismo es muy fuerte. Hay incluso un grupo de actores de la cultura que rompieron con el Ministerio de la Cultura. Nos han ofendido completamente.

Abrieron 15 mil millones de pesos, que fue un horror para la derecha, pero nos han hecho concursar por ello. ¿Te das cuenta la falta de ética?

Hay, por ejemplo, 11 salas de cine que están en la ruina. Pero eso no son edificios, son personas que deben pagar dividendos y que tienen familias, hijos… hay personas detrás de todo esto. Son personas que viven de esto, y están en la calle y el gobierno ¿qué hace? Llama a concurso.

Ahora ¿la centro derecha, la centro izquierda se han manifestado? Nada. Muda ¿Dónde está la ministra? Falta que salga al público y diga «Yo voy a ayudar a la cultura, y lo voy a hacer con dinero». Porque eso es lo que la gente necesita. No cajas. No concursos.

Y en paralelo, ha sido la cultura lo que nos ha ayudado a sobrevivir en esta pandemia. Hemos podido pasar el encierro y la soledad viendo series, películas, hay incluso todo un boom por las teleseries que hiciste antes en TVN. ¿Cómo recibes eso?

Pero aparte de lo que mencionas, me emociona que la gente está haciendo cosas. Más allá de ver series, o verse a uno mismo en teleseries viejas es la gente la que está haciendo cosas. Más allá de que me vean, es ver personas que están cantando, pintando, los niños que están haciendo poesía. Eso me emociona.

Cambios

¿Qué tanta esperanza tienes tú en el nuevo proceso por el que está pasando Chile?

Para mí esto que está pasando acá, con ustedes, la gente, se va a quedar. Mi fe está con esto. Que si somos capaces de juntarnos 500 o 300 en torno a algo, si a tu página la pueden leer 20 mil personas, si a mi teatro se inscriben dos mil personas… eso me tiene atento. No digo esperanzado. No quiero otorgarle palabras morales, pero nos está diciendo «tenemos que vernos».

Esta comunidad que es un poco simbólicamente un paralelo similar a la marcha y a las convocatorias en la plaza Dignidad, o el 8 de marzo, nos está queriendo decir que queremos vernos. Tenemos que tocarnos, escucharnos, ahora escucharnos y vernos, ya llegará el momento de la no virtualidad. Pero esto nos esta dando una lección histórica.

Estamos millones de personas viéndonos a través de esta plataforma, y seremos millones cuando volvamos a la calle. De todas maneras, yo no estoy por el odio. No vale la pena.

¿A los chilenos nos falta educación emocional?

Absolutamente. Lectura, lenguaje, imagen. Les falta de todo: desde poder saber leer un envase hasta comunicarse bien en sus relaciones afectivas.

¿No es insultante ese exitismo de somos los Jaguares, el oasis de Latinoamérica?

Pero si todo esto se cayó, chicos. Esto terminó. La derecha terminó. O sea, digo esto simbólicamente también, la derecha como discurso ya no se sostiene por ningún lado. El mejor sistema de salud de Latinoamérica o mundial. Están locos. Estamos en las peores manos que podríamos haber estado en un momento tremendo para la humanidad.

Entonces, la pregunta que ustedes me hacen no tiene respuesta. Porque la derecha se cayó, ese discurso está en el suelo.

¿Y qué tanto le temes a la idea de los populismos que vengan después de esto. Los de derecha y los de izquierda?

Peligroso. Yo creo que cuando hablamos de pausa de la revuelta social, no está en pausa. Está ahí, está en lo que estamos haciendo ahora. Está en cómo ese discurso de la derecha está en el suelo, está abatido. Pero ojo, que la derecha siempre tiene una carta militar, bélica. Hay que tener mucho cuidado. No seamos ingenuos.

¿No te da miedo Kast?¿No te da miedo esa derecha que se articula para levantar noticias falsas?

Me da ganas de que se articule una izquierda más poderosa, más inteligente. Y creo que está en los saberes de los otros. En las ciencias sociales, en la escritura, en el arte. Ahí está la izquierda más inteligente, más visionaria. Lemebel.

Ahí están. No en el parlamento. No digo todo el mundo, no quiero tampoco comerme mis palabras. Hay personas súper valiosas ahí también, pero no están dando el ancho y el alto de lo que la gente está pidiendo.

La ciudadanía está muy bien articulada, está con sus demandas súper claras. Sabe lo que quiere, pero falta esa izquierda inteligente. Fue el cumpleaños de Salvador Allende. Yo no me puedo dejar de emocionar por la gente que escribe en torno a él, a su figura. Porque me van a decir ustedes, ¿quién habla en Chile así ahora? ¿Quién hace esos discursos de memoria, del corazón?

Cuando me critican mi pasión y «tan efusivo qué es» yo digo «a mucha honra». Tengo mi pasión bien puesta. Porque es lo que falta. Y así hablaba también Radomiro Tomic. Y Alessandri, para que estamos con cosas. Había una derecha intelectual interesante, con la que se podía debatir bien abiertamente. Con ideas, no con armas. No con esta mierda que representa este hombre. Amenazante, burdo.

Esta derecha de repente encuentra sus líderes intelectuales en personajes como Checho Irane, Tere Marinovic ¿Falta una derecha real que no de vergüenza ajena?

Izquierda también. Hay una izquierda muy camuflada, muy débil, que no se atreve a poner sus cosas sobre la mesa. Yo quiero un estado fuerte. Que me proteja, que me de salud. Y eso queda demostrado ahora, porque no hay un estado fuerte.

Es que si pides eso, la gente te dice que erís comunista

Y bueno, ¿cuál es el terror? La derecha y algunos de izquierda se han encargado de que esas palabras estén vetadas. No se atreven a hablar de un estado solidario, constructivo, de un estado que ampare a la gente, que sea protector. De un estado que dé salud, que dé educación, dé cultura, dé vivienda.

¿Piñera termina su periodo?

Ay no sé. Me da terror. El otro día un ex alumno mío, súper amoroso, buen actor, me dice «qué crees tú que va a pasar después» y le dije «bueno, no tengo una bola de cristal. Soy un pobre hueón que está viviendo el día a día con estupor, pero no sé lo que va a pasar. ¿Quién sabe?».

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